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Hace unas semanas un reponsable de informática comentaba en un foro que era consciente que algunos departamentos de su empresa habían suscrito el uso de aplicaciones informáticas en la nube de manera directa, sin contar con su departamento… Esta afirmación expresa de una manera muy clara cómo se está viviendo una transición en el modelo de gestión de las tecnologías de la información en muchas organizaciones, provocada por el acceso a tecnologías que la nube convierte en accesibles.

<a href=Sin duda un gran avance para los departamentos de tecnología informática ha sido el salto que ellos mismos han realizado como usuarios de la nube. Este salto les ha permitido saltar a infraestructuras, públicas o privadas, que les han permitido la transformación de costes fijos como eran comunicaciones, arquitectura, seguridad, mantenimiento… en costes variables, hasta tal punto que pueden controlar el uso que hacen de su infraestructura por picos o valles de disponibilidad, incluso por períodos de minutos. Han logrado controlar además las inversiones realizadas al no ser necesario proveer de manera continua una infraestructura dimensionada para los momentos de máximo consumo de recursos sino que, al contrario es sólo durante esos momentos cuando se incrementan los costes al adquirir más consumo que, cae inmediatamente a sus niveles normales de uso de recursos, y por tanto de gasto, tras la superación del momento pico.

Bien, lo explicado en el párrafo anterior podrá sonar muy bien en el departamento de informática, pero cualquier otro área de la organización, además de no ser el tema expuesto objetivo de su actividad, percibe lo siguiente: el departamento de TI nos pone en marcha aplicaciones corporativas, para las que muchas veces ni siquiera nos consulta, y así resulta que en demasiadas ocasiones o no las necesitamos o nos aportan tanto que nos resulta complicado ponerlas en uso… Como en la toma de decisiones de inversión informática se busca el maximizarlas para toda la organización, se seleccionan grandes aplicaciones corporativas capaces, según los vendedores, de cubrir la toatalidad de las necesidades de las organizaciones…, afirmación que, dista de ser real y a la que vamos a poner un porcentaje aplicando el principio de Pareto: las aplicaciones corporativas cubren el 80% de las necesidades para las que están diseñadas, dentro de la organización. Este 80% cubre la gran mayoría de las necesidades comunes pero, el 20% es decir, las necesidades no comunes y por tanto propias, específicas y necesarias para cada departamento quedan sin cubrir. Y quedan sin cubrir porque, retomando a Pareto, cubrir este 20% de necesidades supondría el 80% de la inversión en la puesta en marcha de la nueva aplicación corporativa, siendo por tanto un coste inasumible.

Sin ánimo de hacer más compleja la argumentación quiero decir que la gran inversión que se puede haber realizado para instalar una costosísima aplicación corporativa sólo termina cubriendo requisitos mínimos comunes para todos los departamentos y, las necesidades particulares y por tanto críticas de cada uno de ellos para su óptima operatividad no quedan cubiertas, por lo tanto esta inversión iniciada desde el departamento de TI resulta ser desde el punto de vista de control de costes, ruinosa.

Como contrapartida, cada departamento puede buscar en internet el tipo de aplicación que más se adecúa a sus necesidades, pudiendo comenzar a usarla en minutos con el mero registro de los datos de cargo. Este coste que es totalmente variable y renovable mensualmente, recae en el presupuesto de cada departamento, quedando opaco a los presupuestos del departamento de TI. Si además se está aplicando la distribución del coste del área informática entre sus usuarios, resulta que esta opción es mucho más económica que ser usuario interno y, además pasan a tener el control en la toma de decisiones de qué necesidades cubrir y cuándo.

No voy a decir que la solución está en el uso de aplicaciones de negocio en la nube, eso ya queda implícito, pero sí quiero afirmar un problema anterior al acceso del uso de estas aplicaciones por cada departamento y que queda recogido en el comentario del director de informática al que hacía referencia al inicio del artículo; el uso de estas aplicaciones supone de facto la pérdida de control en la toma de decisiones de inversión en tecnología, que afectan a toda la organización y, por tanto pone en peligro el poder fáctico y de influencia que estos departamentos han tenido en las organizaciones, resultando por tanto de hecho un riesgo real de pérdida de compentencias y por tanto de responsabilidades y retribuciones.

Ocurrirá pues que el crecimiento del uso de aplicaciones de negocio en la nube verá surgir desde los departamentos de tecnología informática las reticencias más fuertes a su uso, promovidas no tanto por la realidad del riesgo inherente a su uso, sino por la seguridad de sus posiciones. Y aquí es donde quiero poner sobre la mesa una cuestión que quedaría abierta, y pendiente de matizar… ¿quién tomará en el futuro inmediato las decisiones de contratación de aplicaciones en la nube, los usuarios o los departamentos de tecnología?

Katby@n, business on the cloud

http://www.katbyan.com

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