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El colectivo de los autónomos está sufriendo fuertemente las causas de la crisis, ante la cual sólo tienen dos opciones: mantenerse como sea, con el riesgo de terminar desapareciendo; o avanzar hacia la transformación en modelos de trabajo más eficientes bajo el concepto de microempresa.

Las estadísticas recogen una y otra vez, que la base generadora de riqueza de este país está soportada en el colectivo de trabajadores autónomos. Este colectivo está sufriendo fuertemente las causas de la crisis, ante la cual sólo tienen dos opciones: mantenerse como sea, con el riesgo de terminar desapareciendo; o avanzar hacia la transformación en modelos de trabajo más eficientes bajo el concepto de microempresa.

Cabría preguntarse, cuestiones jurídicas aparte, la razón por el mantenimiento de un ingente número de profesionales en el estado de autónomo, ofreciendo servicios profesionales de muy alta calidad desde diferentes sectores; autónomos que mantienen altísimo nivel de profesionalidad y capacitación técnica en su áreas de especialidad, pero para quienes todas las facetas no técnicas de lo que sería la gestión de la empresa quedan fuera de su espacio de trabajo, no saltando nunca al siguiente estado microempresa..

 Europa  Press

Su alta especialización profesional no impone necesariamente la formación, experiencia y sobre todo tiempo suficiente, como para asumir de manera eficiente las tareas relacionadas con el corazón de la gestión empresarial. Esto es obvio, dado que éstas finalmente no son las tareas generadoras de sus ingresos, dado que los autonómos facturan por el tiempo dedicado a su área de especialidad.

Quedan por tanto, insuficientemente cubiertos aspectos críticos de la gestión empresarial: marketing y comunicación, gestión de clientes, gestión financiera y administrativa, de logística, …gestión en general. Todas estas labores son absolutamente primordiales y de total necesidad para ser empresa con un proyecto de futuro; son la infraestructura que va a asegurar una prestación continua y de calidad del servicio profesional, así como la consolidación de una cartera de clientes satisfechos.

En la Realidad, y a pesar de ser absolutamente necesaria, encontramos poca gestión empresarial y mucha actividad técnica de los autónomos, lo que nos lleva a plantearnos la cuestión siguiente: los autónomos no son empresa porque no disponen de capacidad para poner en marcha estas áreas empresariales o no tienen capacidad de convertirse en empresa porque todo su esfuerzo es absorbido por sus tareas técnicas como autónomo.

Existen apoyos de carácter externo, muy parciales y fraccionados, especialmente orientados a las gestiones administrativas con el Estado, asegurando el cumplimiento de obligaciones fiscales y contables. Desafortunadamente, tal como están planteadas estas obligaciones y la manera en que los asesores externos las resuelven, si bien mantienen al autónomo dentro de la legalidad operativa, no le aportan valor alguno que le permita avanzar a ser empresa. El objetivo al buscar ayuda externa para resolver estas obligaciones es simplem ente lograr que el cumplimiento suponga el menor tiempo y esfuerzo económico posible.

Nos hallamos frente a una disyuntiva importante, frente a la necesaria búsqueda del medio que facilite y permita transformar a los autónomos en empresarios incipientes, que logre convertirlos en microempresas al internalizarse sin esfuerzo las necesarias funciones de gestión y administración. 

Es necesario pensar en una manera distinta, es imprescindibe tomar la decisión de acercarse a la tecnología. Hoy se encuentran disponibles nuevos modelos tecnológicos de gestión de la información que permiten a los autónomos acceder a sistemas y aplicaciones informáticas de calidades y prestaciones superiores incluso a las que tienen grandes empresas, con costes excepcionalmente asequibles, aplicaciones pensadas para que las microempresas puedan autogestionar todas sus necesidades de tecnologías de la información y, por tanto resolver de manera independiente sus funciones de gestión. Es posible que la disrupción en el tiempo dedicado a lograr la gestión total en las áreas de la microempresa, repercuta mínimamente en la disponibilidad del autónomo para dedicarse a su trabajo técnico facturable.

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