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Y entonces, se enciende la luz y con cara de asombro descubres que la película ha terminado. Compruebas que existen más palomitas en el suelo que las que te has comido. Te sorprende ver, una vez más, otra película con final que no entiendes, que te deja a medias, que no te gusta.

INcertidumbre

Compruebas que vives en una constante duda. La incertidumbre se ha instalado en ti como compañera perenne de viaje. Lo cierto es que nunca te ha abandonado.

A lo largo de los años hemos ido venciendo (eso creíamos) a la naturaleza y sintiendo que ganábamos el pulso y en los platos de la balanza el peso de la “¿seguridad?” derrotaba a la implacable “incertidumbre”.

En algunas ocasiones, has tenido incertidumbre  en el trabajo. Sin embargo, sabías que si pasaba algo encontrar “otro trabajo” era cuestión de tiempo. Ahora, sin embargo, la incertidumbre es tu vida.

Si buscas el término “incertidumbre” en el diccionario, te dice que es falta de “certidumbre”. Y “certidumbre” te indica  que es “certeza” y ésta a su vez:

  • Conocimiento seguro y claro de algo.
  • Firme adhesión de la mente a algo conocible, sin temor de errar.

Se te cae el castillo encima de los pies. Tú que no dabas un paso sin estar seguro de tener las espaldas cubiertas. Ahora te dicen que tienes que enfrentarte al temor de errar.

Imagino un amanecer de aquellos hombres primitivos. Saliendo de su caverna y pensando si salir a cazar o delegar la tarea a una empresa de servicios, Telecazza, por poner un nombre.

Cómo no recordar a esos hombres de la Edad Media en medio de una batalla y pensando que en 15 días estaría en la playa con su mujer e hijos.

O esos romanos construyendo su Imperio y echando cuentas de cuánto le correspondería si el Emperador, un día por casualidad, se levanta con la fatal idea de despedirle del cuerpo de centuriones.

Lo que hemos vivido es una pequeñísima manera de vivir dentro de la totalidad de la Humanidad.

Comparto contigo que duele, y mucho, ver cómo se desmorona aquellos que llamábamos “bienestar”. Esa es otra, tú lo sabes bien, ¿bienestar?

Y pasan los días, y sigues en tu dualidad (maldita obsesión de algunos en que todo es o blanco o negro). Te sientas todas las tardes a compartir café con tu amiga. Y la miras, la observas sin saber muy bien qué ventaja puede tener el haberla incorporado a tu vida. Invitada sin ser llamada, te acompaña de la misma manera que lo hace tu sombra.

Y puede, que una pista te la dé la propia definición del diccionario de la RAE: “Firme adhesión de la mente a algo conocible, sin temor de errar”

Al final la incertidumbre se debe a tu mente. Al temor, miedo, de errar. A los años en los que has querido tener todo bajo control. A la costumbre de tomar decisiones y ver los resultados de inmediato. A tantas y tantas cosas que ahora mismo te están pasando por, efectivamente, por tu mente.

Entre tú y yo, es bueno tener cosas por resolver y algunas, incluso,  pueden (deben) llevar su tiempo para ser resueltas. Y puede que el resultado no nos guste. Y eso te hará crecer, aprender, sobrevivir.

Amigo que ahora toca frenar, que te vendrá muy bien respirar. Baja el ritmo.

No la ocultes. No mires hacia otro lado, pensando que de esa manera terminará cansándose y se irá. Ella estará ahí, porque ha venido para quedarse y ser parte de tu vida.

Entonces, si va a ser compañera de viaje, acéptala. En el momento que la aceptes, estarás dando el primer paso. Felicidades por adelantado, estoy convencido que lo darás.

Aceptarla no significa que te resignes, que no hagas nada. Esta actitud no es muy aconsejable. Al contrario, acéptala para empezar a hacer cosas. Busca ideas; provoca nuevas oportunidades; retoma aquellas clases que tuviste que dejar por falta de tiempo; escúchate; mírate.

Y lo mejor de todo, no es algo que te esté pasando a ti. Todos sentimos la compañía de nuestra amiga “incertidumbre” y tendremos que enseñar a los que nos siguen a convivir con ella, cuando a nosotros nadie nos ha enseñado ¿no es maravilloso el reto?

Te va a sonar raro y de loco pero espero que algún día me lo agradezcas:

 “Disfrútala”, “enamórate” de ella porque estás volviendo al origen, a la esencia.

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