El proceso privatizador de muchos servicios públicos, así como el acceso al outsourcing, como modelo de recorte de costes operativos empresariales, ha sido el soporte para el desarrollo de numerosas empresas de servicios.

¿Cómo funcionan estas empresas? El modelo es muy sencillo, son empresas sin contenido: sin modelo organizativo, sin política de los recursos humanos, sin estrategia empresarial, sin gestión del conocimientom sin I+D+i, ni nada que se le parezca. Entonces ¿qué aportan estas empresas a sus clientes? La respuesta es, empleados baratos. 

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 Analicemos el proceso de selección de estas empresas de servicios, Un organismo público o empresa privada comunica su intención de cubrir una necesidad operativa con un servicio externo. Las condiciones: avales, certificados de calidad, tiempo de permanencia en el mercado… (papeles finalmente, sólo papeles…) Los participantes que cumplen estos requisitos entran en una subasta a la baja desde el precio de partida y, finalmente el servicio es adjudicado a empresas “amigas” o “grandes empresas de servicios”, que como describí antes, están absolutamente vacías de contenido. Tanto es así que vemos empresas constructoras o de restauración, haciéndose con la gestión de servicios de atención al cliente, escuelas infantiles e incluso hospitales completos…

Vemos empresas constructoras o de restauración, haciéndose con la gestión de servicios de atención al cliente, escuelas infantiles e incluso hospitales completos…

A partír de la adjudicación comienza un proceso pernicioso: sobre el precio de adjudicación, se aplica una reducción al presupuesto operativo de entre el 15% y el 20% (el beneficio legítimo…). Con el dinero sobrante se contrata a la dirección (meros represores y precarizadores laborales), y a partir de ahí comienza la contratación de las personas con las que se prestará el servicio.

El proceso de selección y contratación ni que decir tiene es vergonzante, entre los millones de desempleados entrarán los que estén más preparados y (esto es muy importante) de entre los preparados sólo los dispuestos a asumir las condiciones más precarias posibles. Es decir, de facto se aplica una subasta a la baja de condiciones laborales a quienes pretendan trabajar en un servicio, cuya duración máxima será la del contrato con la empresa cliente. Al día siguiente del fin del contrato, todos a la calle.

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Descrito el proceso, queda claro que este modelo es, por necesidad, nefasto para la sociedad en su conjunto, trabajadores y receptores del servicio (tanto usuarios de servicios públicos, como empresas clientes). Sólo beneneficia a las compañías propietarias de las compañías que ganan las concesiones. Será en otro post donde describa el daño que hacen y cómo este perdura en el tiempo, generando grietas en la sociedad, cada vez más difíciles de tapar.

Como ciudadanos, deberíamos esperar que en estas decisiones de contratación por parte de las administraciones públicas se tomara como criterio principal la RSC, primando aquellas organizaciones de profesionales que, organizadas cooperativamente tuvieran como fines, la calidad de la prestación del servicio y la calidad de las condiciones laborales de las personas que prestan el servicio. Dos elementos que se retroalimentan: usuarios más satisfechos y trabajadores más satisfechos; creando una línea de mejora e interacción positiva para ambos a lo largo del tiempo.

Como ciudadanos, debemos exigir que las decisiones de contratación por parte de las administraciones públicas, se tomen con la aplicación de criterios de RSC

A fecha de hoy, por el contrario se priman los papeles para acceder a los concursos públicos, que se exigen precisamente porque empresas colaborativas de profesionales no pueden cumplir; siendo eliminadas directamente de la casilla de salida porque su valor añadido es profesionalidad y la calidad del servicio (algo que las empresas que sí tienen los papeles no están, ni estarán en condiciones de aportar).

Pero seamos optimistas y poco a poco, veremos cómo en los entornos públicos donde las decisiones de adjudicación se basen en el bien común, serán estas organizaciones colaborativas las que vean abiertas sus puertas, y será precisamente su imagen que será ganada por la calidad y mejora del servicio el que termine superando y arrollando al modelo existente actualmente, basado en criterios tan oscuros, trasnochados y justificados en documentos que, sólo tienen como objetivo no permitir la entrada a los mejores, sino evitarla.

Un cordial saludo!

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